📡Capítulo 11: Señales
Mariana llevaba meses en pausa, pero el mundo no. Entre abrazos, clases, música y un cortometraje que se negaba a morir, las señales empezaron a hacer ruido.
⚠️ Advertencia: Los contenidos, situaciones y personajes aquí descritos, así como nombres, fechas y situaciones fueron alteradas con fines narrativos, son producto de la ficción, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia (y para que nadie se ofenda… demasiado).
🎶 Opening… 🎶
Los días pasaban, uno detrás del otro como una fila eterna en la EPS. El calendario avanzaba, las demás personas avanzaban, el mundo avanzaba y Mariana seguía flotando como kriptoniana exiliada en el espacio girando lentamente, sin gravedad y sin ganas.
Cada día se parecía al anterior. El tiempo no tenía bordes. Podía ser lunes o jueves o 2047. Mariana hacía lo mismo: despertarse, hacer desayuno, entrar al estudio, abrir el computador y aplicar a trabajos como si fuera una oficinista del purgatorio. Buscar trabajo era su trabajo.
Intentaba sentirse bien. Estaba tomando su medicamento, pero también empezó a probar que si la meditación, que si la oración, que si el diario de agradecimiento, que si las gotitas de flores, que si el suplemento herbal recomendado por una influencer que vive en Tulum, estaba haciendo de todo con tal de que sus papás y Santiago no se dieran cuenta de que levantarse de la cama le pesaba un montón, pues sentía que llevaba el mundo a cuestas y la vida le pesaba de la peor manera.
Pero nada parecía funcionar. Vestirse para salir a la calle era una odisea y un logro que requería de demasadio esfuerzo y energía. Se sentía cansada. Solo quería dormir y desaparecer bajo las cobijas, disolverse, que nadie le dijera nada y que de por Jesucristo, no intentaran animarla.
Una tarde, mientras estaba tirada en el sofá consumiendo reels de gatitos, coreografías de ballet y astrología de dudosa reputación, le llegó un DM de Gonzalo.
- Deberías participar en esto, decía junto a una imagen hecha en Canva donde se leía: Taller de escritura para series.
Mariana no lo pensó mucho. Abrió el link del formulario, lo diligenció, cargó los documentos y se inscribió. Total: un NO más no la iba a desanima ni hacerle más daño, ella ya estaba en el fondo del pozo y llevaba días llorando sus ojos.
La vida en casa estaba tranquila, Santiago ganó un estímulo para producir su podcast y andaba organizando la producción emocionado como niño con juguete nuevo. Mariana lo ayudaba con lo administrativo, porque incluso en su peor momento seguía siendo eficiente, organizada y profesional. Ante todo, era una depresiva funcional.
Dos días antes de que arrancara el taller, Mariana recibió un correo donde le informaban que había sido seleccionada. Esa noticia antes la habría puesto a gritar, saltar, reír y llorar al mismo tiempo.
Pero ahora le daba igual, no por soberbia, sino porque a sus 45 años estaba viviendo bajo una nube negra que no la dejaba disfrutar de absolutamente nada, ni siquiera de esos pequeños triunfos.
En sus 20, cuando ganó la beca para el Taller de Crítica del FICCI casi derriba a su mamá del susto con el grito que pegó. La casa se convirtió en un carnaval improvisado: su mamá hizo una tabla de quesos con lo que encontró en la nevera, su papá abrió un whisky que tenía guardado y su hermano puso música, todo fue risas, gritos y orgullo. Además, ese mismo fin de semana salió de rumba con sus amigas y se emborrachó de felicidad.
¡Ay cómo extrañaba esa Mariana que era fuego, era hambre y era futuro!
Qué diferencia con esta Mariana que necesitaba una ilusión y una guía para transitar la adultez sin sentirse la más fracasada de Fracasolandia.
El taller, en el marco del Festival de Cine de su ciudad tuvo un efecto inesperado. Entre abrazos y risas con amigos y colegas que no veía hace mucho, algo se le movió por dentro. Fue un tiny movement, una vibración tímida ue le recordó que su amor por la producción audiovisual no había muerto.
Las conversaciones le dieron vida. Hablar con colegas le recordó que no estaba sola, que todos vivían el ciclo del freelance y que conseguir trabajo estaba difícil para todos.
Las clases con el guionista neurótico fueron refrescantes. El tipo sabía de lo que hablaba, conocía la industria, las plataformas, las estructuras, eso impresionó a Mariana, porque más allá de la escritura el tipo también estaba hablando del negocio.
Pero sin querer queriendo Mariana también empezó a brillar con sus intervenciones, quizás brilló demasiado, porque el tallerista en tono machista soltó:
- Tú como que lees mucho Vanity Fair, porque te sabes todos los chismes del espectáculo.
Mariana sonrió como quien está a punto de soltar una bomba.
- Sí, leo Vanity Fair, GQ, Hollywood Reporter, Variety y Vogue, porque además de los chimes, me sirven como fuente de información e investigación para el podcast que hago desde hace seis años con una amiga, donde analizamos series con enfoque de género. Y porque básicamente las series son mi religión y mi estilo de vida.
El hombre tragó en seco y coninúo la clase mientras ella seguí sonriendo, porque en ese instante que dijo en voz alta que las series eran su religión, un rayito de luz se coló en medio de la oscuridad en la que se encontraba sumida su cabeza y lo mejor fue que la nube negra empezó a despejarse.
La semana del festival la fue sacando de la cueva. En la fiesta de clausura bailó salsa con Santiago hasta que le dolieron los pies, tomó un par de cervezas, unos cuantos shots de tequila y cuatro de aguardiente que le ofreció una amiga, que ya no era amiga, con la que hizo las paces a las 2:13 a.m., hora universal de las reconciliaciones borrachas.
Por primera vez desde que todo se había ido al carajo Mariana sintió paz, una paz pequeñita, pero real y se dijo a sí misma para calentarse el pecho: “estoy en el lugar donde correcto, con la gente correcta y en donde se supone que debo estar”.
Una semana después del festival, Mariana abrió el computador y buscó la carpeta: Puntos Suspensivos, en ella estaban todos los documentos, la biblia y el guion de su primer cortometraje. Su primera creación en solitario, esa que ha pasado por cinco convocatorias en las que ha recibido un montón de halagos, pero nunca ha ganado.
Estaba releyendo el guion, cuando desde la puerta del estudio Santiago le envió por WhatsApp un link. El sonido de la notificación la sacó de lo que estaba haciendo. Le dio clic al enlace y en seguida en la pantalla de computador se desplegó la lista de requisitos para participar por un estimulo para realización de corto de una convocatoria local .
- Es la última del año, dijo Santiago apoyado en el marco de la puerta. - ¿Por qué no participas? ¿Qué pierdes?
Mariana lo miró pensativa. Él se acercó le dio un beso y la dejó sola, en ese momento ella escuchó una vocecita que le decía: ¿Qué perdemos?
Mariana respiró hondo, llamó a Carolina, su productora, que llegó a casa con presupuestos, cronogramas y cotizaciones, lista para trabajar. Revisaron todo, ajustaron lo necesario y con una ilusión tímida pero viva cargaron el proyecto en la plataforma.
Los resultados salieron hace quince días, así que hagan sus apuestas:
¿Será que Mariana bajó bandera y por fin va a rodar su corto?
¿O después de dos años de peregrinar por convocatorias con este corto, este será el lugar donde su guion encuentre los recursos para salir del papel y saltar a la pantalla?
⏭️ No te pierdas el próximo jueves el fianl de la primera temporada de Millennial Asalariada.
💜 Cuéntale a todos que la próxima semana es el final de temporada de Millennial Asalariada
Nos leemos pronto 📖




